EL MEJOR REGALO

Noah escuchaba con cierta desgana la enésima reprimenda de su padre por no visitarlos más a menudo. Y eso que había insistido en que no podía permitírselo, pese a que su padre le había sugerido pagar los costes. Pero Noah sabía que aquello era imposible, por mucho que su padre se empeñase. Minutos antes, su madre le había intentado sonsacar su actual estado sentimental, con la ilusión de descubrir que su único hijo había asentado por fin la cabeza y tenía un compromiso firme con alguna chica. Sin embargo, Noah nunca había buscado el compromiso, ni el compromiso le había buscado a él. Hasta aquel momento. Porque hoy les presentaría a su chica. A la chica.

Tras el repaso anual, Noah había salido a pasear con sus padres por el parque. En pocos minutos ella llegaría. Noah habría deseado tener el encuentro en un entorno más hogareño, pero su mísero trabajo como funcionario de rango bajo no le daba para pagar más. Así que tenía que conformarse con aquel entorno. Y encima sus padres no se lo ponían fácil. Le insistían en ir a casa, en lugar de estar dando vueltas como tontos. Su madre no paraba de repetir que tenía que preparar la cena de Navidad, y su padre quería abrir una botella de vino y brindar. Noah no sabía cómo decirles que eso era imposible, por mucho que quisieran, más que nada porque estaban básicamente muertos. Pero claro, de habérselo dicho, el programa habría reseteado a sus padres y creado dos nuevas versiones. Con los sobrecostes que suponía.  Y no estaba para gastos absurdos.

De haber tenido más dinero habría contratado el pack de recuerdos, en el que podría haber vivido con ellos los momentos más bonitos de su vida. Pero Noah tan solo tenía dinero para el paquete básico, que incluía un parque y el día de Navidad.

Y entonces llegó ella. La chica. La madre de Noah, al enterarse de la noticia, no pudo más que esbozar una sonrisa. Noah no había visto nunca tan feliz a su progenitora. Su padre le dio un codazo con una sonrisa cómplice, orgulloso de que su hijo hubiese cazado a una chica tan lista y guapa. Además de divertida, tierna y cariñosa. Los padres de Noah estaban encantados, y mucho más cuando Noah les enseñó el anillo de compromiso. Aquello fue la culminación de su felicidad, el mejor regalo posible de Navidad. Todos se abrazaron, rieron y pasearon. Noah se sintió profundamente feliz por sus padres, y pensó para sus adentros que había valido la pena todo lo que había pagado por ella.

Y es que las simulaciones de novias no eran baratas, pero quién era él para poner precio a la felicidad de sus padres simulados. Ya haría más horas extras para compensarlo.

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